lunes, 6 de diciembre de 2010

No me voy a dejar enterrar por el Premio Nobel. Tengo anhelos, proyectos hasta el final

Parece mentira, pero Mario Vargas Llosa estaba nervioso cuando se enfrentó hoy a mediodía a periodistas de medio mundo que querían saber de él, de sus opiniones y de su estado de ánimo en la primera jornada oficial de su semana como Nobel de Literatura 2010, en un Estocolmo bajo cero.
Se atrabancó al llegar al salón de la Academia sueca donde hace dos meses se anunció que era el Nobel de este año, y no le salía la sonrisa que le pedían los fotógrafos, sobre todo los de su país, ¡es que esas cámaras intimidan mucho!". Después se asentó, y ya fue el Mario de siempre; no esquivó ninguna pregunta, corrigió una vez a su traductor (hablando de Flaubert), y habló de literatura y de política, como suele ser su sino.
Le preguntaron por Wikileaks, por cierto; sobre esta gran filtración mediática que de la que EL PAÍS ha sido vehículo en español, el Nobel dijo: "Tengo opiniones contradictorias acerca del asunto. Por un lado me resulta formidable este ejercicio de transparencia; es importante que todo salga a la luz, pues esto nos alivia de mentiras e intrigas. Pero me parece peligroso que si todo sale a la luz, si desaparece toda confidencialidad, si no hay privacidad, ¿cómo va a funcionar un Estado? La esencia misma de la democracia se pondría en peligro".
"No deja de ser paradójico", continuó el autor de La guerra del fin del mundo, "que los estados democráticos sean los más vulnerables y que las dictaduras sean las que estén defendidas y protegidas contra esos riesgos que yo visulmbro en torno a estos hechos".
Habló de muchas más cosas Mario Vargas Llosa. Este es un sumario de preguntas y respuestas.
¿Qué nos quiere decir con su literatura?
"No quiero dar mensajes, quiero contar historias; escribir es enriquecer nuestras experiencias con historias imaginarias, enriquecer nuestra sensibilidad, aumentar nuestro desasosiego frente al mundo tal como lo vemos".
¿Es usted machista y neoliberal?
"No, no soy machista. Soy un firme defensor de la igualdad entre hombres y mujeres; en mis libros aparecen escenas de machismo, pero es lo que a habido y hay lamentablemente en el mundo que describo. ¿Neoliberal? No, soy un liberal, creo en la democracia, en todas las libertades, y estoy en contra del autoritarismo y del totalitarismo.
¿Cómo ha visto el recibimiento que han hecho los peruanos a su premio?
Estoy conmovido por esa actitud, y eso para mi supone un premio suplementario. Desde hace diez años el Perú vive una democracia, si quieren imperfecta, pero que ha garantizado la convivencia en paz. Mi deseo es que ese estado de derecho se refuerce en el futuro y no dé un paso atrás.
¿Tiene ánimos para seguir escribiendo o el Nobel es un punto y final?
"No me voy a dejar enterrar por el Premio Nobel. Tengo anhelos, proyectos hasta el final".
¿Es cierto que sus novelas están a la izquierda de usted mismo?
"Les dejo a los críticos y a los lectores las interpretaciones ideológicas con respecto a mis libros".
¿Cómo hace los libros?
"Los ingredientes con la imaginación, el entusiasmo y la fantasía... Cuando comienzo una historia ya llevo trabajando tiempo en ella, utilizo materias primas que van funcionando en mi imaginación, la fantasía hace luego el resto".
¿Intentaría la política de nuevo?
"Jamás. Fui candidato en un momento particular del Perú, pero jamás lo volveré a ser".
¿A qué escritor le gustaría rendir tributo ahora?
"A Flaubert. Gracias a él supe que la falta de talento se puede suplir con la disciplina, la perseverancia y la paciencia... Fue esencial para mi vocación".
¿Le asusta lo que pasa en México?
"Creo que México está defendiéndose con mucho coraje de los graves problemas que afronta a causa del narcotráfico. Lo combate con mucha dureza. Ahora bien, no se puede derrotar esa lacra con una política puramente represiva. Creo que debe descriminalizar la droga, controlándola, y ese dinero que ahora se usa en la lucha contra el narcotráfico usarlo para su persecución, para la curación de los afectados y para la reeducación de los que estén en el tráfico y en el consumo. Como se ha hecho, con éxito, con el tabaco. Sólo así se puede acabar con esta terrible violencia".
¿Ahora ya hace humor en sus libros? ¿Es el otoño de su vida?
"¡No me llame anciano! No usé el humor al principio, porque seguí la conducta de Sartre, que en su obra no emitía ni una sonrisa. Parecía que el humor era incompatible con la literatura. Pero luego me encontré con la historia de Pantaleón y las visitadoras, y ya ahí empecé a usar el humor".
¿Ya se cree la noticia del Nobel?
"Pensé que era una pasada, como decimos en el Perú, una broma, como lo que le sucedió a Moravia. Pero cuando se confirmó, a los catorce minutos de la primera llamada de Estocolmo, ya nos metimos en un torbellino frenético que espero que acabe el 10 de diciembre. Es una experiencia que ha trastornado mi vida de disciplina y de trabajo".
¿Va a pronunciar la palabra Barcelona en su discurso, y así calmará a los que hayan visto su saque de honor en el Bernabeu como un guiño muy madridista?
"Ja ja ja. Ya verá usted cómo nombro a Barcelona. Pero no se impaciente; en veinticuatro horas oirá nombrar Barcelona en mi discurso".
Mario, soy Freddy Cooper, tu amigo de hace tanto tiempo. ¿Crees que estamos en el reino de lo efímero en la cultura?
"Sí, Freddy, cada día progresamos más en las comunicaciones, pero cada día todo es más banal, más superficial y más efímero en todas las manifestaciones del arte y de la literatura. Vivimos una revolución audiovisual que tiene una enorme influencia, pero lo cierto es que esa banalización existe y este es uno de los grandes problemas del futuro".
Tras la pregunta de Cooper, arquitecto, que fue coordinador de la campaña política de Vargas Llosa en 1990, al Nobel le preguntó una periodista griega a quién le daría el Nobel si pudiera hacerlo. Y el autor de El sueño del celta explicó:
-Resucitaría a Jorge Luis Borges para dárselo.
Juan Cruz (fuente: diario El País, Madrid)

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