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martes, 21 de diciembre de 2010

Vargas Llosa: enfrentar las frustraciones o fracasos de una manera victoriosa, convirtiéndolas en materia prima para crear otras vidas

Entrevista a Mario Vargas Llosa (Chile).
"Nunca podré decir «ye», que me perdonen los académicos", afirma respecto de las nuevas reglas ortográficas.
Mario Vargas Llosa ya está en el Perú —tras su paso de intensos cuatro días por Chile—, recomponiendo sus horarios disciplinados, esos que "volaron en pedazos" con el torbellino que le significó ganar el Nobel.
Claro, no es una queja de la sorpresa que le dio la Academia Sueca. Es sólo que un escritor no debe "dispersarse mucho, eso tiene consecuencias muy negativas".
—Pero no le debe costar retomar el oficio.
—No, pero sé que tendré que hacer más esfuerzos para defender mi tiempo. Es una de las consecuencias del premio, pero no habrá dificultad porque el trabajo para mí no es una servidumbre, sino un gran placer. Voy a estar en Lima hasta mediados de abril y espero dedicar estos meses a trabajar.
—¿Siente una necesidad física de escribir?
—Flaubert decía: "Escribir es una manera de vivir". Yo he organizado mi vida en función de mi trabajo. Es un orden que estos dos meses, por primera vez en muchísimo tiempo, no he podido respetar.
A estas horas, entonces, el autor de clásicos como "Pantaleón y las visitadoras", "La ciudad y los perros", "La tía Julia y el escribidor" o "La historia de Mayta", ya estará superando el síndrome de abstinencia, pluma fuente en mano, buscando tramas para su próxima novela que transcurrirá en Piura, al norte del Perú.
"Escribo a mano, siempre. Sólo algunas veces los artículos los hago directamente a la computadora. Empecé escribiendo a mano, el ritmo de mi pensamiento se amolda al de la mano. Además, me gusta el papel, me gusta la tinta y la primera versión de cualquier ensayo y, desde luego, de las novelas u obras de teatro, siempre la hago a mano. Soy de los últimos escritores que van a dejar manuscritos. Eso ya está despareciendo".
También se rebela a la modernidad del libro electrónico: "Se viene, es una realidad, qué le vamos a hacer… Pero yo voy a seguir leyendo en papel".
Lo mismo respecto de las nuevas reglas ortográficas de la Real Academia de la Lengua Española:
—Mayta, su personaje, ¿se escribe con I griega o con «ye»?
—Con I griega, yo nunca podré decir «ye», que me perdonen los académicos. Pero ha habido una reacción tan grande que la RAE dio marcha atrás y aceptó que uno diga I griega. ¡Y que se ponga acento en sólo! Uno no se resigna a que desaparezca la tilde (dice lleno de risa).
—¿Habrá mayor exigencia sobre su obra ahora que ganó el Nobel?
—Quizás haya una curiosidad, una expectativa mayor, pero no está mal. Es un estímulo para un rigor mayor. Eso no me molesta. Aunque la verdad es que cuando estoy inventando una historia, el aislamiento es tal que no sé si tengo presente lo que puede ocurrir una vez con el libro publicado. Mientras lo estoy trabajando, toda mi energía se vuelca en ir venciendo los obstáculos que se presentan cuando uno escribe una historia.
—Ahora que lo eligieron el mejor escritor del mundo, habrá perdido esa sensación de fracaso que siente al empezar una aventura creativa.
—Al contrario. No he perdido nunca la sensación de inseguridad, de que el proyecto no va a salir. Pero la experiencia me ha demostrado que esa idea de derrota se puede ir superando con disciplina, perseverancia, terquedad y con espíritu autocrítico. Aunque hasta cierto punto, porque tampoco hay que dejarse vencer por la parálisis. Uno debe corregir hasta el punto que sepa que si sigue, va a destruir lo que ha hecho.
"¿Sabe cuántas personas trajo Herta Müller el año pasado? Una. ¡Y usted ha traído más de 100!"
Antes de su venida a Chile, invitado a la celebración de los 20 años del Instituto Libertad y Desarrollo, Mario Vargas Llosa pasó por el Perú. Respetuoso de los compromisos adquiridos, debió suspender una conferencia de prensa en su propio país, debido a las consecuencias de una estrepitosa caída en un restaurante de Estocolmo, horas antes de leer su alabado discurso "Elogio de la lectura y la ficción", en el marco de los actos previos a la entrega oficial del galardón.
—¿Pensó, cuando iba cayendo, "qué colmo, estando aquí no voy a llegar a recibir el premio"?
—No. No tuve tiempo de pensar, porque la sensación de ridículo fue tan enorme que ni siquiera sentí dolor en el primer momento. Caerse en una silla y quedarse con las patas para arriba es muy ridículo. Eso atenuó el dolor y me pareció que había sido un golpecito insignificante, pero en realidad fue bastante más serio (afirma entre carcajadas).
—Qué linda foto la de su tremenda familia acompañándolo en la ceremonia oficial. Ahí le brotó lo latino.
—Absolutamente, la familia bíblica, la tribal. La nuestra anda muy dispersa, pero sin embargo es muy unida.
—Debe haber llamado la atención en Suecia.
—Los de la Fundación Nobel me dijeron algo muy divertido. "¿Sabe cuántas personas trajo como acompañantes la escritora Herta Müller el año pasado? Una. ¡Y usted ha traído más de 100!". Pensé inmediatamente "van a pasar bastantes años antes que vuelvan a darle el Nobel a un latinoamericano", por el desorden que provocamos.
—¿Se volverán a reunir para Navidad?
—La familia más pequeña, sí. Mis hijos y nietos...
—¿Ya compró los regalos?
—Mi mujer se ocupa de eso...
—Su hija Morgana opina que usted es la persona menos práctica...
—Mi hija piensa todavía peor de mí que mi mujer, que me dice que sólo sirvo para escribir. Yo no sé si Morgana piensa que sirvo para escribir.
—Lloró al mencionar a su esposa en el discurso.
—Y yo no me emociono en público, debe ser un síntoma de envejecimiento –bromea.
—¿Es muy difícil ser la mujer de Mario Vargas Llosa?
—Sí. La mayor parte de los escritores, artistas o intelectuales se apoyan en neurosis, en manías. Es mi caso, desde luego. Así que me pareció que era mi obligación rendirle homenaje a Patricia, que hace 45 años soporta esas manías, rabietas y neurosis sin las cuales, probablemente, yo no podría escribir.
—Al fin quedamos en la duda de si Gabriel García Márquez lo había felicitado por el premio o no.
—Pues mire, la noticia primera es que había hecho esa declaración ("Cuentas iguales", por Twitter) y luego hubo un desmentido. Así que no hubo tal felicitación.
—¿Y eso qué le pareció?
—Vamos a cambiar de tema.
"Al principio, con mis personajes tengo una relación fría y muy racional"
—"Conversación en La Catedral" cumplió 41 años. ¿ómo es haber escrito una novela que mantiene vigencia? Su frase inicial, "¿En qué momento se jodió el Perú?", tomó vuelo propio.
—No me lo esperaba. Es una novela que me costó mucho trabajo escribir. Quería hacerla desde los años que viví la historia, los de la dictadura de Odría, que fue muy importante para mi generación. Nuestra infancia, juventud y primera madurez la vivimos bajo un régimen muy corrupto que marcó la vida del Perú. Es un libro muy importante porque me acercó mucho a la historia, la que desde entonces es materia prima a la hora de inventar mis novelas.
—¿Cómo convive con sus personajes?
—Al principio el personaje es muy distante, tengo una relación que podríamos llamar fría y muy racional, pero luego cuando comienzo a escribir y a sentir que éste ya es como un simulacro de vida, se va estableciendo una especie de relación entrañable. Y tengo la impresión de que me pongo yo al servicio de él, al contrario de lo que pasaba al principio. Y que todo lo que experimento sirve para añadirle verosimilitud. Al final resulto echándolo mucho de menos. Hay un vacío que deja el personaje una vez que la historia está terminada. Por eso procuro empezar inmediatamente otro proyecto para no quedar como paralizado por el recuerdo de la historia que terminó.
—Escritores chilenos escogieron en nuestro diario a "Zavalita" como su personaje favorito.
—¿A "Zavalita", de "Conversación en La Catedral?". Ah, pues me alegro porque es un personaje con el que me identifico mucho, en el que he volcado más experiencias mías de esos años.
—¿Y cuál es su preferido?
—Uno entre los otros, no creo que tenga. Uno se identifica con todos sus personajes, con los que lo han acompañado más tiempo. Por la cercanía, el que tengo más presente es Roger Casement ("El sueño del celta"), pero sé que el de la próxima novela será entonces el más entrañable.
—Impresiona el nivel de detalles de "El sueño del celta", sobre todo en la geografía delCongo.
—Fue toda una aventura. Con esta novela tuve que meterme en mundos que desconocía, como el Congo y la Irlanda política. Fue muy apasionante, aunque a ratos muy duro, por la violencia, los horrores de que está hecha esta historia, sobre todo en la época de la explotación del caucho en el Congo y en la Amazonía. Es de las novelas en que más he trabajado. Por lo menos tres años.
—¿Cómo hace para recopilar tanta información, no confundirse?
—Hago mucha documentación y me gusta porque me va sugiriendo personajes, situaciones. Ahora, el libro es una novela, no respeta rigurosamente la historia, se toma muchas libertades. Hay mucha más invención que memoria.
"Me gustan más las últimas novelas de Isabel Allende"
—Una amiga escritora siempre dice: "Si puedes evitar ser escritor, hazlo".
—Jamás diría eso. La carrera que escogí es hermosísima, permite vivir muchas vidas, enfrentar las frustraciones o fracasos de una manera victoriosa, convirtiéndolas en materia prima para crear otras vidas. Tal vez lo mejor que me ha pasado es dedicar mi vida a la literatura. Me sigue inspirando el mismo entusiasmo, la misma felicidad que cuando aprendí a leer. La manera como la literatura ha enriquecido mi vida es impagable. Hombre, no es una carrera fácil, hay que trabajar mucho, hay muchos fracasos también. El éxito es un enorme aliciente, pero para un escritor que tiene una vocación muy profunda, al final, la mayor recompensa es poder dedicar su vida a escribir.
—¿Hay discriminación respecto de la literatura femenina en Latinoamérica?
—No solamente creo que no, sino que al contrario, en los últimos años uno de los fenómenos más interesantes es la proliferación de escritoras. Poetas mujeres había antes y muy reconocidas, pero lo que es interesante es que hoy en día hay muchas prosistas, novelistas, que tienen cada vez más presencia en el ámbito de la lengua.
—Pero, por ejemplo, aquí muchos escritores que pensaron que Isabel Allende no merecía el Premio Nacional, que finalmente obtuvo.
—Pero no creo que las críticas fueran porque Isabel es mujer, habrá gente que critica su obra, pero el prestigio que ella tiene en el mundo es extraordinario. Es uno de los escritores de la lengua española que más difusión tienen en otras lenguas, en Europa, seguramente en el Oriente, en Estados Unidos desde luego. Es un caso que muestra que no se puede hablar de discriminación contra una escritora en estos días por ser mujer. Ahora, creo que las escritoras no quieren tener éxito por ser mujeres, sino que porque escriben bien, son originales, crean sus formas con autenticidad. Y en ese campo, si los prejuicios existen, se han reducido a su mínima expresión en comparación con el pasado.
—¿Le gusta Isabel?
—Es una amiga muy querida. Me gustan más las últimas novelas que las primeras. Isabel ha ido superándose a medida que escribe. Creo que es mucho más original y personal la obra actual que cuando comenzó.
—Usted tiene que estar leyendo permanentemente todo.
—Leo mucho, pero no puedo leer todo. Muchas de mis lecturas tienen que ver con mi trabajo. Pero sí leo cosas que me dicen que son interesantes. Por ejemplo, en los últimos años he leído cosas chilenas: "La doble vida", novela de Arturo Fontaine, que me gustó mucho, y ahora estoy leyendo "Missing", de Alberto Fuguet, que no sé si es una novela o un reportaje y me gusta mucho esa incertidumbre respecto de la naturaleza del género. O sea que la actualidad sí la sigo, pero de ninguna manera de modo sistemático. No tengo tiempo.
—¿Qué opina de la generación de recambio? Desde el boom latinoamericano de los 60, al cual usted perteneció, no ha habido un movimiento literario tan potente en la región.
—Pero la literatura de las nuevas generaciones está viva, tiene una circulación que no tenía la anterior, hay un público para nuestros escritores, eso es lo importante.
—Pero cada escritor es su propio boom.
—Eso es verdad, lo que no hay son unos denominadores estéticos de formas artísticas, pero bueno, ¿y qué importa? Mejor que haya esa proliferación, esa diversidad. Refleja que la realidad, desde el punto de vista estético, literario, artístico, es un chisporroteo.

Escritores chilenos escogen sus personajes favoritos


"La historia aplasta a los personajes de Vargas Llosa, pero no a sus conciencias". Con esta frase, el representante de la Academia Sueca invitó al escritor peruano a pararse a recibir el Premio Nobel, el viernes pasado.
Y es que la "fauna vargasllosiana", construida con alrededor de 17 novelas, cuenta con algunas creaturas tan singulares y tan bien construidas por el autor que llegan a hacerse de carne y hueso para el lector. Incluso, algunos se convierten en regalones.
De ello hablamos con escritores chilenos, siendo Zavalita, de "Conversación en La Catedral" el preferido.
Definitivamente lo es para Roberto Ampuero: "La novela está ambientada bajo la dictadura de Manuel Odría. Y el personaje está basado en un socialista de apellido Zavala Ceballos, muy activo políticamente, que fue compañero de Vargas Llosa en el colegio San Miguel. No me voy a referir al personaje como tal, que da para simposios y ensayos, sino a su gran pregunta cartiana: «¿En qué momento se había jodido el Perú?», que plantea al comienzo de la novela. Es una interrogante que trasciende al Perú y se ha convertido en pregunta patrimonial de todos los latinoamericanos que nos preguntamos, a la luz de resultados a menudo deprimentes sobre nuestro lugar en el mundo y nuestros déficits sociales y políticos, insolubles desde la Independencia, en qué momento se jodió América Latina. Constituyen una pregunta y un personaje para el bronce".
Mauricio Electorat afirma que son muy numerosos los personajes de Vargas Llosa que han pasado a la historia de la literatura. "Pero si tengo que elegir uno, me quedo con el Zavalita. En él se resumen las vicisitudes y tribulaciones de toda una generación, la que creyó en la revolución, la que se desencantó posteriormente de los mesianismos y la que se enfrentó, también, a la tiranía de las familias bienpensantes. Zavalita, de alguna manera, somos millones", sostiene este profesor de literatura de la UDP.
También es el favorito de Pablo Simonetti. "Es el personaje quebrado de las sociedades latinoamericanas, que está quebrado en sus pertenencias, porque es hijo de una familia más o menos oligárquica y al mismo tiempo ha renunciado a todo eso. Es el héroe quebrado de la sociedad peruana y, por extensión, de nuestras sociedades latinoamericanas".
"«¿En qué momento se jodió el Perú?» vale como apertura obligada para cualquier análisis de cualquiera de nuestros explotados territorios sudacas", agrega Jorge Baradit, otro fanático de Zavalita, junto con Patricia Politzer: "Mi personaje favorito no puede ser otro que este periodista y sus develadoras conversaciones en el bar La Catedral. A comienzos de los años 70, cuando creía que para nosotros las dictaduras eran asunto de novela, él era un personaje fascinante, como ejemplo de lo que podía llegar a ser un periodista en medio del horror. Cuando la oscuridad de la novela se hizo realidad en Chile, adquirió aún mayor valor, mostrando que fuera de la ficción también era posible ir tirando hebras que colaboraran a desentrañar realidades inimaginables. Zavalita fue también una contribución a la esperanza".
Pantaleón Pantoja, inolvidable

El que más recuerda, y aún sigue divirtiendo a Ramón Díaz Eterovic, es el protagonista de "Pantaleón y las visitadoras". Le llama la atención "ese militar rígido y lambiscón, que en la novela experimenta una profunda transformación de sus principios y de su forma de ser por el hecho de cumplir la orden de organizar un servicio de prostitutas en la selva. Toda su vida se trastoca y es consumido por la irracionalidad de las metas burocráticas y por la exuberancia de la selva y sus habitantes. Me divierten esos informes absurdos que escribe y su obsesión por establecer racionalidad administrativa al servicio que ofrecen las putas: tiempo, calidad, rendimiento, todas esas martingalas que hoy preocupan a los gerentes".
Escueta y precisa es Pía Barros: "Pantaleón, por el humor y el desacato de toda la novela, aunque el muerto Palomino Molero —de «¿Quién mató a Palomino Molero»— no anda mal".

Pedro Camacho, más conocido como el Escribidor
Elizabeth Subercaseaux elige dos: Pedro Camacho y la Tía Julia, ambos de "La Tía Julia y el Escribidor".
"El primero es completamente inolvidable, genial, tierno, nunca me he reído más con ningún personaje literario. Y a la Tía Julia la encontré encantadora y cómica. A ella también la llevo en la memoria con gran simpatía porque, años después, a la verdadera, Julia Urquidi —primera esposa del autor—, me la encontré en La Paz, cuando era ayudante del general Hugo Banzer. Yo iba a entrevistar a Banzer y ahí estaba ella, alta, morena, muy atractiva todavía, escribiendo un libro que se llamaba «Lo que Varguitas no dijo». La verdad es que me gustaron las dos, la de ficción y la que se picó a muerte cuando Mario Vargas Llosa se fue con la sobrina y se atrevió con un libro donde, dentro de la rabia y el despecho, también había algo de ternura y mucho amor por él".
Otra autora que opta por Camacho es Carla Guelfenbein. "Es un escritor de radionovelas, excéntrico, diletante, emotivo, que va adentrándose en la piel del lector con sus historias tremebundas y aparatosas. Poco a poco no sólo comienza a mezclar una ficción con otra, sino que también la vida con la ficción hasta hacer desaparecer los límites, proponiéndonos en su delirio una versión de la vida que no nos resulta ajena".

Mayta, el poeta, Varguitas y el celta
Son muchos los personajes entrañables en la obra de Vargas Llosa, opina Antonio Gil. "El Escribidor, Pantaleón, pero conminado a escoger uno, me quedo con Mayta", afirma decidido. "El es el idealismo y el voluntarismo encarnado en un ser acribillado de dudas y miserias, un militante obsesivo que intenta una absurda intentona de revolución trotszkista con un puñado de estudiantes de los salesianos en un poblachón perdido de la sierra peruana. Un militante gay integrado a un grupúsculo machista que se juega el todo por el todo en una jugada imposible. Un ser al garete, naufragando, cargado de humanidad y de ternura".
Una elección diferente es la de Alberto Fuguet. "Mi preferido es Varguitas, que es él, en «La tía Julia y el Escribidor», seguido de él mismo en «El pez en el agua», que son sus memorias. Esos dos personajes me encantan. Es el tipo que desea ser otro y desea ser escritor aunque tenga todo en su contra. En «El pez en el agua», además quiere ser Presidente. Estos dos personajes, además, son muy Vargas Llosa, en el sentido de que son capaces de cualquier cosa, menos matar, por lograr su objetivo. Son fanáticos y entrañables".
A Manuel Silva Acevedo, en cambio, lo cautivó en los años 60 el joven cadete Alberto Fernández, "el poeta", de "La ciudad y los perros". "Lo interesante es que se enfrenta a toda la estructura rígida, militarista y, en general, a toda la sociedad peruana. En los 60, para mí era bastante emblemática esa postura, también para Vargas Llosa, aunque después se puso más conservador".
Marta Blanco se divide entre cuatro: Pedro Camacho, Mayta, Varguitas y confiesa su gusto por Roger Casement, el protagonista de "El sueño del celta", la última novela de Vargas Llosa. "Es tan solo, tan misterioso, tan levemente amargo, homosexual, espía y ser humano lleno de pliegues y talentos, de pequeñas perversidades y contado en tres escenarios extremos. Muy bien logrado".